ANATOMÍA DE LA INTIMIDAD literatura y espejos rotos

I should like it to resemble some deep old desk, or capacious hold-all, in which one flings a mass of odds and ends without looking them through. (Virginia Woolf) We become ourselves through others, and the self is a porous thing, not a sealed container (Siri Hustvedt) En vez de mirarme en mi espejo quiero que mi espejo se mire en mí (Alejandra Pizarnik)

La hora de la estrella de Clarice Lispector: un profundo dolor de muelas

Cuando una novela se pasea por todos los rincones de la psicología humana y se niega a salir de sus fisuras secretas a menudo resulta difícil resumir su trama. Lo importante no es la presentación de los hechos, ni siquiera las distintas versiones o aproximaciones a ellos o los entrecruzamientos, sino el lenguaje convertido en reflexión, en sentimiento. La hora de la estrella de Clarice Lispector es una novela profundamente psicológica en la que la palabra y el momento son de una fuerza arrolladora. Así pues, no intentaré resumir la desdichada vida de Macabea, la protagonista, y su relación con la bruja de su tía, con el pillo de Olímpico de Jesús, con su compañera Gloria y con la pitonisa Madama Carlota. Para conocer a la muchacha norestana, que ni siquiera sabe que tiene derecho a sentirse infeliz, hay que leerla e imaginarla, hay que sufrirla lentamente desde la infancia, como individuo y a la vez como un arquetipo, como un destino común.

El lenguaje en La hora de la estrella es justo, pulido y de una precisión visual casi hiriente, a menudo pavorosa, y es ahí donde encontramos a Macabea en su mundo particular y primitivo. A través de un curioso narrador -son de especial interés las digresiones iniciales de la novela-, Clarice Lispector nos regala una prosa que, más allá de ahondar en los personajes en un estilo muy personal, perfora los sentidos. Hay un sufrimiento tan profundo y tan simple a la vez en cada una de las expresiones y de las escenas, que el lector siente en la figura de Macabea la pureza del dolor de cualquier persona joven inocente, anónima y única a la vez. El dolor de quien siente dolor sin saberlo: un individuo que no grita ni se queja ante la desgracia, un individuo que simplemente vive y existe y que, por el solo hecho de ser, merecerá en algún momento su hora de la estrella.

“Creo que se consideraba sin derecho, ella era un azar. Un feto abandonado en el cubo de la basura, envuelto en un periódico. ¿Hay millares como ella?”

Clarice Lispector: La hora de la estrella. Ediciones Siruela, Madrid, 2012.

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Esta entrada fue publicada en 19/07/2013 por en Reseñas e impresiones y etiquetada con .

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