ANATOMÍA DE LA INTIMIDAD literatura y espejos rotos

I should like it to resemble some deep old desk, or capacious hold-all, in which one flings a mass of odds and ends without looking them through. (Virginia Woolf) We become ourselves through others, and the self is a porous thing, not a sealed container (Siri Hustvedt) En vez de mirarme en mi espejo quiero que mi espejo se mire en mí (Alejandra Pizarnik)

Katherine Mansfield, la muñeca japonesa

No solo contienen banalidades sobre el acontecer del día a día. No solo contienen críticas de obras literarias clásicas y contemporáneas. No solo contienen reflexiones sobre el proceso creativo de sus propios libros. No solo son fragmentos de enorme interés por su estilo y pensamiento intelectual. A veces los Diarios de Virginia Woolf son como una mariposa de colores que separa sus alas para que el lector pueda llegar a acceder a su interior.

Sabemos que Woolf no era dada a expresar sus sentimientos de forma explícita, pero en sus escritos más íntimos se da alguna afortunada ocasión en que sí crea esa fisura que nos facilita acabar de imaginarnos el alma de la escritora de Bloomsbury.

La entrada del 16 de Enero de 1923 es sin duda una breve aunque intensa manifestación de sentimiento puro, de esa fisura. El 9 de Enero moría Katherine Mansfield y justo una semana después Woolf “registra” este trágico acontecimiento en sus diarios sin explicar detalles del suceso, sino dejando entrever el impacto de la noticia en su propia vida. Y lo hace sin sentimentalismo, con sinceridad.

“It is strange to trace the progress of one’s feelings. […] A shock of relief? –a rival less?”

Está claro que con la muerte de Katherine Mansfield Virginia Woolf había perdido a una rival, pues ambas competían en el terreno literario. Sin embargo, esa competición era más un juego que una lucha. Y sobre todo, un estímulo de autosuperación. Ambas sabían que se tenían como lectoras y jueces implacables, porque eran demasiado parecidas, porque se entendían a la perfección.

Woolf recuerda una de las cartas de Mansfield en que le pedía:

“Do let us meet in the nearest future darling Virginia, and don’t quite forget”.

Ahora se cuestiona si realmente está “obedeciendo” los deseos de Mansfield. No lo sabe, duda, y es justamente en esta entrada de su diario donde se autoanalizará e intentará descubrir si es así.

Normalmente Virginia Woolf, a la muerte de alguno de sus amigos más íntimos, hace un repaso mental de su persona tanto en el plano físico como en el más pscicológico-intelectual. De Katherine Mansfield dice, pues, en su diario:

“She had a look of a Japanese doll, with the fringe combed quite straight across her forehead”.

Y añade Woolf en su faceta de retratista aguda y sarcástica:

“beautiful eyes- rather doglike, brown, wide apart”, “her nose was sharp, a little vulgar” and then she moved “like some suffering animal”.

Y a continuación:

“Sometimes we looked very steadfastly at each other, as though we had reached some durable relationship, independent of the changes of the body, through the eyes.”

Esta confesión es importante e inusual a la vez de la pluma de alguien como Virginia Woolf. Cuando Mansfield y ella se miraban sabían que habían alcanzado un tipo de relación imperecedera, independiente de los cambios físicos.

Como anécdota explica que en una ocasión Mansfield le dijo que debería leer su diario. Este es un gesto que muestra la confianza que existía entre ambas. Desgraciadamente esto no sucedió en vida, aunque Woolf ahora recuerda la invitación como un acto de amistad sincera. Y finalmente confiesa que la única escritura que ha envidiado de verdad es la de Katherine. Ahí tenemos de nuevo esa contradicción (o no) entre admiración y rivalidad.

La muerte de Katherine hunde a Virginia en la depresión; ella misma dice que está envejeciendo con rapidez esos días. Y en la próxima entrada a su diario confiesa escribir en/hacia el vacío, “into emptiness” pues Mansfield ya no la leerá. Woolf hace que Mansfield sea la razón de su escritura que, como sabemos, para ella es Vida. Se trata en definitiva de una pérdida múltiple: Katherine como escritora, como lectora, como crítica, como mujer, como amiga, como confidente, como alma sensible, como su alter ego.

Al final de estas dos entradas del diario y otras posteriores, la petición de Katherine Mansfield se ve cumplida claramente. ¿Cómo podría Virginia Woolf olvidar a Katherine Mansfield? Estas dos afirmaciones lapidarias lo dejan patente:

“I have the feeling that I shall think of her at intervals all through life”.

“We had something in common which I shall never find in anyone else”.

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Esta entrada fue publicada en 22/08/2013 por en Diarios diaries journals, Mis escritoras, Virginia Woolf y etiquetada con .

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