ANATOMÍA DE LA INTIMIDAD literatura y espejos rotos

I should like it to resemble some deep old desk, or capacious hold-all, in which one flings a mass of odds and ends without looking them through. (Virginia Woolf) We become ourselves through others, and the self is a porous thing, not a sealed container (Siri Hustvedt) En vez de mirarme en mi espejo quiero que mi espejo se mire en mí (Alejandra Pizarnik)

La pareja que sube al metro en Maragall

Ayer me propuse no coger ningún libro del anaquel blanco. Ni de creación ni de teoría. Me apetecía dejarme llevar de nuevo por la experiencia en y del metro (algunos amigos me dicen que mi relación con el metro es anormal). Siendo Horta una de las estaciones iniciales de la línea azul –todavía me cuesta acostumbrarme a esa reciente extensión del tramo y al consiguiente destronamiento de mi parada− no resulta difícil hacerse con un asiento. Hacía calor, bastante calor, pero me senté sobre mi abrigo verde militar. No me lo quité por pereza o vergüenza, no lo sé. Supongo que era una combinación de ambos defectos tan típicos de mi personalidad. La cuestión es que ocupé el asiento perfecto que debe ocupar una ansiosa y activa espectadora del metro como yo. O más bien, una ansiosa y activa espectadora de los personajes que viajan en metro. Un Timu! para Marc y… ¡a esperar!

El ambiente está calmado. Un señor de unos 60 hurga en su móvil (¿Qué estará mirando? El periódico, supongo). Dos chicas jóvenes algo chonis hablan de tíos buenos y de sus planes del fin de semana y una mujer que medio esconde su pelo en un pañuelo negro, mira una bolsa repleta de comida que reposa junto a sus pies. ¿Qué hará de cena?

Me acomodo y me relajo. Vilapiscina: poco o nada.

Virrei Amat, aun menos, un matrimonio típico.

Maragall, estación de transbordo. Esto promete.
Personas que sumergen sus caras en móviles y i-pads plateados como ya había previsto. Entre esas muchas personas anónimas sube una pareja joven de ojos almendrados. Se trata sin duda alguna de una pareja con Síndrome de Down. Físicamente parecen hermanos, su estatura es similar y sus facciones, dulces e inocentes. Con una mano se agarran a la barra de acero situada a mi derecha. La otra la necesitan para acariciarse mutuamente la cara y el cabello que, por el brillo, se conoce que todavía está medio mojado. Ambos cargan una pequeña mochila que seguramente contiene un bañador, unas zapatillas, un gorro de piscina, una toalla y un neceser ordenado. ¡Qué importan las mochilas! Importan ellos. Sus bocas, ardiendo. Sus dedos, hambrientos de tacto.

Tras las caricias llegan los besos esperados. En la mejilla y después en la boca. Los miro. No cuento ya paradas ni me distraigo más que en el laberinto de esa deliciosa distracción. Sé que no los miro por morbo. Los miro para aprender, como miro los labios de mi profesor de literatura durante las clases de los lunes. Se ha detenido el tiempo, mi tiempo, su tiempo.

Sagrada Familia. Despierto.
Aparto la mirada de ellos porque me siento culpable. Soy una maleducada aunque ellos ni se han fijado en mí. Recapacito. No he hecho nada malo. He observado cómo dos personas se quieren, se desean y lo demuestran sin pudor, como si el mundo les pidiera ese ejemplo de autenticidad. Siento envidia por su desinhibición. Por no creerse el centro del universo, por hacer lo que quieren hacer, lo que sus diminutos cuerpos les piden a gritos. Pienso en Marcel, aquel niño de mi pueblo que ya no está. Me encojo. Y pienso en mi hijo, que a menudo demuestra al mundo sus sentimientos saltándose toda norma represiva. Me miro en el espejo y recuerdo cómo le riño para que reprima ese comportamiento que normalmente es el inicio de una incesante cadena.  Me avergüenzo. Me avergüenzo.

Japoneses graciosos y rubios con granos rosas. Tejanos unisex, muchos tejanos y bambas blancas, y hombres con trajes oscuros y mujeres con botas altas, de amazona.

Verdaguer

Diagonal, un line de Judith ¡Ya he llegado! Los miro por última vez. Ellos no se bajan del vagón, ni siquiera se apartan ante el movimiento de la gente. Ellos siguen amándose, deseándose y diciéndonos mucho en un silencio aterrador e incesante. Estamos locos. Hemos desaprendido a expresar, vivimos pendientes del móvil, del tiempo −o mejor dicho de la prisa− y de la vergüenza y de la pereza ante nuestros propios cuerpos. Nos pensamos que somos el centro del universo.

Me levanto y les doy mi espalda. Ellos ni se dan cuenta. Soy yo quien les ha observado. Ellos son dos, yo una. Hospital Clínic. Bajo. Ya no los veo, pero me acuerdo de ellos, de sus caras juguetonas y húmedas, del viaje de sus diez dedos por una piel virgen y unos cabellos medio húmedos. A la salida de Comte d’Urgell me estará esperando Judith. Juntas iremos a la librería Bernat. A las 7.30 Eugenio Asensio presenta Tiza. ¡Qué grande es Eugenio! Él no estará solo. Tengo ganas de ver a mis compañeros de andanzas, a Enrique, a Óscar, ¿vendrá David?, a Cati, a Noemí, la editora, a todos los que ya conozco y a los que hoy vea por primera vez.  Tengo ganas de decirles que he vuelto a vivir una historia en el metro. Tengo ganas de sentarme y escuchar la presentación. Esta vez seguro que me quito el abrigo verde militar. 

tiza

De la sección Inspirada por el metro

Anuncios

6 comentarios el “La pareja que sube al metro en Maragall

  1. Carmen Teijeiro
    08/03/2014

    Gracias por compartir este viaje delicioso y amoroso de metro con todos nosotros.
    “Hemos desaprendido a expresar…”
    Sin duda, queda todo por aprender.
    Cariños!

    • Anatomía de la Intimidad
      08/03/2014

      Gracias a ti, Carmen. Tienes toda la razón. Estamos más pendientes del qué dirán que de expresar sentimientos. A mí esa pareja me devolvió unos instantes de inocencia y autenticidad. Un abrazo y gracias por leerme. Marta

      • Anatomía de la Intimidad
        09/03/2014

        Y ahí están los lectores y viajeros sensibles para apreciar estas historias de la cotidianidad. Gracias, Enrique

  2. Enrique Clarós
    09/03/2014

    El espacio que compartimos cuando viajamos tiene algo de la magia primitiva que rodea aquello que vemos por primera vez, algo de la frescura de lo nuevo que nos sorprende y que estimula nuestra imaginación en búsqueda de historias. No siempre somos sensibles a ello, pero aquí está Marta con sus crónicas del metro para despertar nuestra sensibilidad.

  3. Eugenio
    09/03/2014

    Precioso, Marta. Un abrazo. A propósito, soy más bien pequeño,

    • Anatomía de la Intimidad
      09/03/2014

      De eso nada. Todo un descubrimiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Estadísticas del blog

  • 30,068 hits

Archivos

Creative Commons

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Follow ANATOMÍA DE LA INTIMIDAD literatura y espejos rotos on WordPress.com
A %d blogueros les gusta esto: